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Discurso del Defensor del Pueblo Europeo, P. Nikiforos Diamandouros, con ocasión de su juramento solemne ante el Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas, Luxemburgo, 1 de abril de 2003
Discurso - Orador P. Nikiforos Diamandouros - Ciudad Luxemburgo - País Luxemburgo - Fecha Martes | 01 abril 2003
Señor Presidente del Tribunal de Justicia, Señorías del Tribunal de Justicia, señor Vicepresidente de la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo, señor Vicepresidente del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, colegas defensores del pueblo de los Estados miembros de la Unión Europea, presidentes de las comisiones nacionales de peticiones, Señorías.
Es un honor para mí dirigirme a una audiencia tan distinguida en esta solemne ocasión.
Es simbólicamente significativo que la responsabilidad de la administración de esta importante institución se está pasando de un nativo de una de las democracias más antiguas a alguien que viene de uno de los más jóvenes; desde el norte de Europa y el lugar de nacimiento de la institución del Defensor del Pueblo al sur, donde la institución se ha establecido más recientemente.
Señor Presidente, es un gran honor haber sido elegido para este cargo. Pero este es un honor que trae consigo muchas y pesadas responsabilidades. Permítanme destacar tres de ellas.
En primer lugar, el segundo Defensor del Pueblo Europeo debe intentar estar a la altura de las expectativas generadas por los logros del primer Defensor del Pueblo Europeo, Jacob Söderman, y continuar su legado. Como Defensor del Pueblo Nacional en Grecia, me inspiré en su trabajo y me beneficié enormemente de su asesoramiento y apoyo.
En segundo lugar, me corresponde liderar la institución del Defensor del Pueblo Europeo durante un momento histórico en el largo proceso de configuración de la identidad de la Europa moderna. La decisión adoptada en la cumbre de Copenhague de diciembre de 2002 de iniciar la ampliación más ambiciosa de la historia de la UE constituye un paso más en la reunificación de Europa y, de otro modo, marca el final de la Guerra Fría. Para el Defensor del Pueblo Europeo, el reto asociado a este momento de transición es doble: seguir promoviendo el Estado de Derecho en toda la Unión, abordando al mismo tiempo de manera significativa las preocupaciones legítimas de los países candidatos en el ámbito de los derechos humanos.
Por último, considero que mi mayor responsabilidad es llegar a los ciudadanos para educarlos sobre sus derechos y, lo que es aún más importante, sobre cómo ejercerlos.
Para alcanzar estos objetivos, me beneficiaré enormemente de tres importantes fuentes de apoyo: en primer lugar, de la jurisprudencia de este augusto Tribunal, que constituye la fuente de inspiración y orientación sobre la evolución del Estado de Derecho en la Unión Europea; en segundo lugar, la colaboración del Parlamento Europeo, su Comisión de Peticiones, mis colegas a nivel nacional y las Comisiones de Peticiones de los Estados miembros en los que existen; y por último, pero no menos importante, el apoyo de un personal dedicado y de alta calidad en mi oficina.
El objetivo final, por supuesto, es buscar formas de mejorar las estructuras de rendición de cuentas y transparencia en las instituciones europeas, contribuir a la reducción del déficit democrático y mejorar la calidad de la democracia a nivel europeo.
¡Señor Presidente!
Gracias por sus amables palabras y sus buenos deseos de éxito en mis nuevas funciones. Confío en que mi declaración solemne y mis comentarios aquí hoy pongan de manifiesto mi determinación de hacer todo lo que esté a mi alcance para estar a la altura de las expectativas generadas por mi elección y las responsabilidades vinculadas a este alto cargo.
¡Gracias por su atención y por honrarme con su presencia!